El ArtWeek clasista y “whitexican” NO te representa

La ciudad se enciende… pero no para todxs.

Cada febrero, CDMX se convierte en un mapa de inauguraciones, ferias, listas, rutas, fiestas y “tienes que venir”. La Semana del Arte se vende como el momento donde la cultura toma la ciudad. Y sí: hay propuestas increíbles, artistas brutalmente buenos, proyectos jóvenes y cosas que te reconcilian con la idea de estar vivx. 

Pero también hay otra verdad, menos posteable: el Art Week suele sentirse como una ciudad dentro de la ciudad. Una burbuja que se mueve entre zonas específicas, códigos específicos y accesos específicos. Y si esa burbuja no te deja entrar —o te deja entrar “pero tantito”—, no es porque te falte “cultura”. Es porque hay filtros.

El filtro invisible: dinero, geografía, códigos

Hablemos sin pena del elefante en la sala: la experiencia Art Week está diseñada para quienes ya tienen capital (económico, social y simbólico).

  • Costo: aunque hay cosas gratuitas, el corazón de la semana vive en ferias donde el acceso cuesta. Por ejemplo, Zona Maco maneja boletos diarios y accesos con precios que, para muchísima gente, no son “un gustito” sino una decisión.

  • Mapa: la narrativa se concentra en circuitos y colonias que ya cargan prestigio, renta alta y una estética “curada”.

  • Código: acreditaciones, VIP, listas, el “te presento a…”, el lenguaje, la ropa “correcta”, la seguridad en la entrada, el miedo a “no pertenecer”.

Y ojo: esto no significa que TODO Art Week sea lo mismo. Hay espacios y ferias que intentan abrir el juego (por ejemplo, se mencionan opciones con entrada gratuita o formatos más accesibles dentro de la misma semana). 

El punto es otro: el centro de gravedad —lo que define “lo importante”, lo que marca agenda, lo que se vuelve conversación— suele quedarse arriba.

“Whitexican” no es un insulto: es un síntoma

La palabra incomoda porque señala algo real: cómo en México, la blanquitud y el privilegio suelen venir con un micrófono más grande y una puerta más fácil de abrir. No es “culpa individual”; es estructura. Hay discusiones académicas y mediáticas sobre cómo estos imaginarios digitales evidencian colorismo, racismo y jerarquías sociales. 

Por eso el tema no es “gente mala en eventos cool”. El tema es un sistema cultural que a veces confunde acceso con mérito, y pertenencia con talento. Si Art Week se siente clasista, no es una percepción “exagerada”: es un reflejo de un país donde las oportunidades no se reparten parejo.

Vamos con datos: La desigualdad económica sigue marcando el ritmo de vida: el 10% más rico puede ganar muchas veces más que el 10% más pobre. Y el INEGI reporta que la discriminación existe y se vive: en México, una proporción relevante de personas reporta haber sido discriminada en un periodo reciente medido por la encuesta nacional. Incluso el acceso a espacios culturales “formales” (como museos) nos recuerda que la cultura también depende de infraestructura, gratuidad, ubicación y tiempo disponible. 

Entonces, cuando alguien dice “no me representa”, no está diciendo “odio el arte”. Está diciendo: no me veo en la puerta, en el precio, en el trato, en la conversación, en el mapa.

¿Y si el problema no es Art Week… sino el monopolio del “arte válido”?

Hay una trampa silenciosa: creer que si no estuviste en Art Week, no pasó nada. Como si el arte “real” ocurriera solo cuando hay feria, prensa, badge y foto. Pero México no es un showroom. México es un lienzo en blanco; y se pinta diario, fuera del circuito, lejos del algoritmo, en barrios, talleres, mercados, escuelas, casas, calles. 

Lo que pasa es que eso no siempre tiene reflector. Y cuando no hay reflector, parece que no existe. No se trata de cancelar la semana ni de fingir que “todo es para todxs”. Se trata de dejar de normalizar que lo cultural sea una frontera.

Podemos empezar por acciones concretas: 

  • Repartir el prestigio: hablar de lo que viste en tu colonia con la misma seriedad con la que hablas de lo que viste en la feria.

  • Mover el dinero con intención: si vas a gastar, que no sea solo en la pulsera, el cóctel o la foto; que sea en obra, en prints, en comisiones, en talleres.

  • Exigir acceso: más programación gratuita, sedes descentralizadas, mediación (explicar sin condescendencia), y mejores condiciones para artistas emergentes (no “pago con exposición”).

  • Cambiar el relato: menos “quién fue”, más “qué se dijo con la obra”.

ArtBank te recuerda que el arte no te pide permiso para existir

Creemos algo simple: el arte no tiene por qué vivir encerrado en los lugares donde solo entra cierta gente. Por eso amplificamos otros espacios, para conectar emocionalmente con comunidad de todo tipo, estilo y color. Eso también es economía creativa sostenible: arte local, cultura capital accesible para todxs.

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