Luis Barragán: el arquitecto que le dio identidad moderna a México 

Antes de que el rosa mexicano se volviera tendencia en Instagram, antes de que la arquitectura minimalista dominara las revistas, ya existía un hombre que estaba construyendo una modernidad profundamente mexicana. 

Luis Barragán nació en Guadalajara en 1902. Ingeniero civil de formación, viajó por Europa en los años veinte, donde conoció el trabajo de Le Corbusier y se acercó al pensamiento moderno. Pero, a diferencia de muchos arquitectos de su generación, Barragán no replicó el racionalismo europeo: lo reinterpretó desde el paisaje y la tradición mexicana

De la hacienda al modernismo 

Su infancia en el campo jalisciense marcó su sensibilidad. Las haciendas, los muros gruesos, los patios interiores y el vínculo con la naturaleza quedaron grabados en su memoria. Esa experiencia rural se convertiría, décadas después, en una de las bases de su lenguaje arquitectónico. 

En los años treinta comenzó a desarrollar proyectos en Guadalajara y luego en Ciudad de México, donde consolidó su estilo: volúmenes puros, muros altos que crean intimidad, patios que organizan la vida interior y un uso radical del color. 

Color como estructura 

Barragán entendía el color no como un adorno, sino como un elemento arquitectónico. Sus muros rosa, amarillos y azules no eran decorativos: transformaban la luz, modificaban la percepción del espacio y generaban emoción. 

Su propia casa-estudio, la Casa Luis Barragán, construida en 1948, se convirtió en la síntesis de su pensamiento: una arquitectura austera en la forma, pero profundamente espiritual en la experiencia. En 2004 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 

También participó en proyectos urbanos como las Torres de Satélite (1957), junto a Mathias Goeritz, que marcaron un momento clave en la modernidad mexicana. 

El reconocimiento internacional 

En 1980, Barragán recibió el Pritzker Architecture Prize, convirtiéndose en el primer arquitecto mexicano en obtener el máximo galardón internacional de la disciplina. 

El jurado destacó su capacidad para unir modernidad y tradición, abstracción y emoción, funcionalidad y espiritualidad. 

Un legado que sigue vivo 

Luis Barragán falleció en 1988, pero su influencia no ha disminuido. Su obra ha inspirado generaciones de arquitectos, artistas y diseñadores en todo el mundo. La estética barraganiana, muros sólidos, color intenso, diálogo con la luz y la sombra, sigue siendo referencia obligada en la arquitectura contemporánea. 

Más que un estilo, dejó una postura: la modernidad mexicana no tenía que copiar modelos extranjeros para ser universal. 

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