Tianguis: símbolo “kitsch” mexicano
Donde lo raro se vuelve tesoro.
En México hay lugares donde el gusto no pide permiso. El tianguis es uno de ellos: no nace para verse “curado” en un feed, sino para resolver, intercambiar, sostener comunidad… y, de paso, desbordar identidad. Por eso, cuando hablamos del tianguis como un espacio kitsch, no lo decimos como burla: lo decimos como mapa.
¿Qué queremos decir cuando decimos “kitsch”?
“Kitsch” suele usarse desde arriba para etiquetar lo popular como “exceso”, “mal gusto” o “imitación”. Y ahí vale la pena incomodarnos: ¿quién decide qué es buen gusto? ¿por qué el “buen gusto” casi siempre se parece a lo limpio, lo minimal, lo caro? En el tianguis, el exceso no es error: es lenguaje.
Más que “kitsch”, muchas veces lo que vemos es una sensibilidad rasquache: hacer magia con lo que hay, mezclar sin pedir disculpas, reutilizar con creatividad, convertir carencia en estilo. El tianguis como estética viva: práctica, híbrida, sin solemnidad.
Muchos creadores se asombran al sentirse limitados de compartir la parte visual de un tianguis que incomoda a las cámaras, a lo estético. Pero, que, a su vez, beneficia el bolsillo:
La magia del hallazgo sin romantizar
El tianguis no tiene un solo código, tiene muchos gritándose a la vez: maximalismo visual, gráfica popular, devoción y pop, vintage y bootleg, artesanal e industrial, lo heredado y lo improvisado. No es una vitrina: es un collage emocional donde la ciudad se enseña sin filtro.
También hay que decirlo claro: el encanto no debe tapar la realidad. El tianguis es trabajo, economía cotidiana, informalidad, esfuerzo físico, horas largas, y una red social que sostiene a muchísima gente. Si lo convertimos solo en “estética”, lo exotizamos. Si lo entendemos como sistema cultural-económico, lo respetamos. Y si lo bajamos a personas: tan solo en el primer trimestre de 2025 se registran alrededor de 1.48 millones de “vendedores ambulantes” en México (categoría laboral), con ingresos promedio mensuales reportados en esa fuente. Lo “kitsch” aquí no es un disfraz: muchas veces es infraestructura social autogestionada.
Lo fascinante es que, al mismo tiempo, el mundo se está pareciendo más al tianguis. El mercado global de segunda mano (especialmente en ropa) viene creciendo fuerte: ThredUp proyecta que el resale global podría llegar alrededor de $350 mil millones para 2028. En México, medios y plataformas han venido reportando crecimiento en moda de segunda mano (por ahorro y sostenibilidad), con picos de expansión en años recientes. O sea: lo que antes se veía como “mercado de usados” hoy se rebrandea como “circularidad”. El tianguis siempre supo.
La multiplicación de precios por “curadores”, cuestiona los tesoros y su valor, que muchos de sus comerciantes desconocen:
Ojo cultural #BienMexa
¿Qué nos enseña esto para cultura, artistas o marcas? Que hay deseo más allá de lo nuevo: deseo por lo encontrado, lo reparado, lo reapropiado. Que la gente conecta con objetos con historia. Que la mezcla puede ser una postura creativa (no una falta de “coherencia”). Y que, en un mundo que empieza a mirar hacia la segunda vida, el tianguis no es retro: es adelantado.
En ArtBank creemos en una banca más humana, creativa y conectada con la comunidad: por eso nos interesa el tianguis como símbolo. Porque ahí México no es “lienzo en blanco”; es un lienzo con capas, manos, memoria y color. Y quizá la lección más valiosa es esta: cuando una comunidad reusa, reinventa y comercia desde lo cotidiano, no solo mueve objetos… despierta una economía.